Y la vida fue pasando,
y llegue a acostumbrarme a tu ausencia.
Llegué a apretar bien fuerte los ojos
para recordar la expresión de tu cara,
para volver a sentir
la profundidad de esa mirada
que hace tiempo no se posa sobre mí.
Esa sonrisa llena de una dulzura
excepcional,
que pareció haberse disuelto
con el paso del tiempo.
Y aprieto más los ojos,
para intentar escuchar alguna palabra.
Pero me doy cuenta
que tu voz se perdió en el camino.
Este camino que hace años, recorro en soledad.
Y me pregunto cómo serían las cosas
si te hubieras quedado conmigo.
Si no me hubieses soltado la mano.
Esta mano que busca llenarse
y que tiembla cada vez que te recuerda.
La misma que se empuñó de enojo
incontables veces por tu ausencia.
La misma que hoy se apoya sobre mi pecho
buscando cerrar una herida
que no deja de sangrar.
Y cuando la garganta se me cierra
y duele de angustia,
reconozco que aunque la vida
siga pasando
nunca me voy a acostumbrar a que no estés.
Porque a pesar de todo
te amo,
te extraño
y te necesito.
Y porque el nuestro es un vínculo
que ninguna ausencia puede destruir.
Que ninguna ausencia puede borrar.
“Y te imagino dando vueltas en el vecindario…
Algo tienen estos años
Que me hacen poner así,
Y decirte que te extraño
Y voy a verte feliz”
lunes, 6 de abril de 2009
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